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Hace tiempo que no hablo de mi país. Me he dedicado a escribir de cine todo lo que llevo del 2010 y he dejado de lado ese delicioso placer de hablar con las letras de lo que sucede a mí alrededor. Quizá la falta de tiempo tenga qué ver, pero también el hartazgo de lo que sucede de norte a sur de la república me ha contenido, más no atado las manos. Tiempo, es lo que siempre pido, y hoy se me ha concedido ese deseo y eme aquí. Hablemos claro y pongámonos al tanto. Terminó el mundial de futbol en África, para que hablar de un “equipo” que lleva el estigma de perdedor y catalizador de problemas nacionales desde que tengo memoria. Me contagié de la fiebre mundialista, sí, quizá más que en otros mundiales, pero mis gallos internacionales de cada cuatro años (Italia, Francia, Inglaterra, Brasil y Alemania) uno a uno fueron desapareciendo en un mundial que se antoja decirlo, “sorprendente porque no pasó nada” de lo que se pueda presumir. Pero qué tal el escándalo con el hermano de Gómez Mont. Youtube siempre a la vanguardia y rompiéndoles las pelotas a los medios convencionales. Este medio digital nos mostraba lo que sucedió y lo que produjo una baja en el gabinete del ciudadano presidente.Gabinete que por cierto ha sido reducido a una caricatura o a una mala película con actores desconocidos. De esas que ves arrumbadas en el Blockbuster con etiqueta de diez pesos en stand de dos por uno. Así de malo y minúsculo se ha convertido el quitar piezas, el poner otras y anunciar grandes cambios. Escuchaba comentar a un colega en la radio a nivel nacional que no entendía por qué el presidente cambiaba al secretario de gobernación, como cambiarse de calcetines. Cuatro han pasado por esa secretaría a lo largo de este sexenio. El primero que no funcionó, el segundo a quien el presidente más confianza le tenía (y al único en realidad) la muerte lo obligo a renunciar a su cargo en aquel avionazo de Reforma. Después vino el hombre que “sólo cree en Dios” y que no pudo negociar las aberrantes alianzas que desde el 04 de Julio les dio el poder a tres de los doce estados que tuvieron elecciones. ¿Cuestionable? Más bien criticable. Calderón mueve sus piezas de ajedrez, sacrificando una torre y un caballo y uno que otro peón dentro de su juego para pavimentarle el camino a su “alfil” o “cordero” o “delfín” como se le quiera llamar. Pero sólo el presidente al parecer cree en su estrategia que lo debilita y lo vulnera. Preparándose para enfrentar lo inevitable en el 2012 y dejando en el limbo al país el tiempo que deba de pasar para que le ponga la banda presidencial al que la sociedad mexicana decida sea su presidente a partir de ese año. Hoy vivimos en nuestro país un tiempo de crisis, de miedo, de incertidumbre, de muerte y lamentablemente de “narcoterrorismo” el cual inauguró su acto triunfal en la esquina de las calles de Bolivia y 16 de septiembre en ciudad Juárez. Al ver las imágenes que capto un camarógrafo de una televisora local, en el momento de la explosión del coche bomba, donde según la Sedena ha informado, se utilizaron diez kilos de explosivos del tipo C-4 o RDX (explosivo utilizados para demoliciones) me salta la misma pregunta que le hice en mi twitter al señor presidente “¿realmente ´vale la pena´ -cómo lo dijo en su patético discurso del mes de junio- esta lucha contra el narcotráfico? –Hoy llamada “Lucha por la seguridad nacional”. ¿A qué otros extremos pretende el gobierno federal que llegue México? ¿A compararse con España y la ETA, a colombianizarnos como muchos críticos lo han previsto? Estas preguntas me llevan a otra: ¿para qué? Porque la infantil justificación que me da el gobierno a través de sus mensajes en radio y TV de: “es para que la droga no llegue a tus hijos” no la compro porque es tan barata como lo que cuesta un chicle en cualquier puesto de periódicos.Y es que a los mexicanos señor presidente Calderón no nos pregunto nadie si queríamos esta guerra. Por lo menos a mí como ciudadano de este país, nadie de su gabinete lo hizo. Y lamentó con toda honestidad el haber depositado en una urna mi confianza por alguien que creo- como muchos en este país- nunca aceptará que su estrategia anticrimen no funciona, que es errónea, que carece de todo éxito, que es fallida y que nos está matando lentamente día con día a mexicanos inocentes, a mexicanos que cumplen con su trabajo y sobre todo mata el desarrollo de un país como el nuestro. El daño colateral es demasiado alto. Y nosotros, la sociedad ya se lo hemos hecho ver en las urnas el pasado cuatro de julio.Una vez más, fue ciudad Juárez, la capital del terror y la violencia en nuestro país. Una vez más murió gente inocente. Esta ocasión fue una emboscada. El crimen organizado se ríe del presidente, del aparato de estado y de los propios mexicanos. Y a la vez manda un mensaje hemos atravesado el umbral de lo inverosímil en esta guerra. ¿Qué sigue? ¿Atentados en el metro como en España, más coches bombas, más candidatos electorales y los familiares de los mismos, muertos? No lo sabemos, lo que sí estoy seguro es que las cifras de muertes al finalizar este sexenio serán tan atroces que la historia recordará a un México del nuevo siglo aun más violento que cualquier país medio oriente. Y no es para menos si según el procurador General de la República, Arturo Chávez tan sólo en lo que llevamos del 2010, se suman ya siete mil ejecutados. Y en lo que va esta administración, 24 mil 826. El ser valiente y enfrentar las adversidades, asumiendo las consecuencias no quita que se pueda ser lo suficientemente inteligente para construir un sistema funcional en la lucha contra el crimen ya a estas alturas para que esto propicie un clima de paz en un México ensangrentado por todos los flancos. Ojalá que esas acciones lleguen pronto, antes de que el presidente se vaya, nos abandone con el problema y no termine lo que él mismo comenzó. Ojalá que el aparato de estado mexicano haga algo sustancial que frene ya los niveles de violencia a los que esta semana hemos llegado. Eso es lo que deseamos todos los mexicanos a quienes nos lastima este México ensangrentado.
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